jueves, 2 de mayo de 2013

Crisis de los 50.

Salvo algún detalle, todo continua en el mismo sitio y de forma similar. Han crecido considerablemente los cuatro hierbajos que antes rodeaban las casetas donde los gremios guardaban sus materiales. Ahora ya no hay casetas, y parece que también han mermado los gremios, curiosamente, pues debería ser lo contrario a medida que se avanza en una obra.
Tres meses y medio es poco tiempo, pero el suficiente para empolvar un escenario que no hace mucho lucía flamante y esplendoroso, engalanándose día a día para su puesta a punto final. Su inauguración cada vez menos inminente...
Como en tantos otros lugares, una ley concursal en la constructora tuvo la culpa y con ello, la paralización súbita de todos los trabajos. Que su ejecución dependiera directamente de organismos oficiales ha permitido que siga adelante, algo que no ocurre muy a menudo. Quien en la actualidad se asome a la ventana y no pueda divisar una estructura de esas feotas, que han dejado por ahí sin ningún tipo de actividad humana aparente, como esperando al capricho del futuro que en días mejores pueda ser finalizada, o bien le tapa la vista un imponente edificio o tal vez viva alejado de todo, en el puto campo; circunstancia ésta complicada, ya que el afán constructor que hemos padecido hasta fechas recientes ha sobrepasado colinas, bosques, acantilados y playas. Por sobrepasar, incluso la razón y el sentido común de los mortales.
Tres meses y medio es demasiado tiempo de espera para aquel que retiran del escenario laboral y cuya situación personal entonces se torna en oscura tragedia.
Nunca hablé demasiado con él, un fontanero que rondaba los 50. Un día, quizá motivado por una dosis extra de carajillos en la sobremesa, además del saludo habitual, me contó algo sobre su vida: casi cuatro años de paro hasta que lo escogieron para trabajar allí, los problemas económicos que tristemente tiene hoy todo hijo de vecino, pero acelerados, y lo que más me conmovió; una mujer que ya no tenía ilusión por nada y que a marchas forzadas se estaba volviendo loca. Hablando sobre el futuro de la obra, recuerdo su expresión en el rostro, mezcla de incertidumbre y de niño bueno al que le vuelven a negar un dulce. Dejó de prestar atención al trabajo que realizaba y contestó con un simple "Ojalá durase esto siempre. Ni puta idea dónde podré estar después de aquí".
Es curioso cómo puedes echar de menos a alguien que ni eras consciente de llevarlo en el pensamiento. Vuelves al tajo y compruebas que no están todos los de antes, quien más, quien menos casi ni importa, pero te preguntas por el fontanero sin nombre, ese cincuentón que siempre veías atareado, trabajando con destreza y seguro que evadiendo de esa manera un drama en toda regla.
Historias de muchos, demasiados. En un mundo caótico que avanza a pasos agigantados hacia la destrucción de nuestra dignidad. Gobiernos que niegan el pan a sus ciudadanos pero que se bajan los pantalones para las embestidas por culo que dictan los mercados financieros.
Mañana habrá otro suicidio, quizá otra muerte extraña de una pareja a hachazos. La demagogia política sabrá cómo explicárnoslo; son cosas que ocurren, sin más. No busquemos nada más abstracto. Ellos no pueden estar detrás de la gente desesperada. Yo me supongo que será porque son muy capaces de llevárselos por delante.

domingo, 28 de abril de 2013

El misterio Sangüesa desvelado.

Gracias a nuestro incansable colaborador Brazos en alto, por fin podemos esclarecer una de las mayores incógnitas de la humanidad maña, el misterio de la calle Matilde Sangüesa.
No consulten otras fuentes ni busquen más información en la red, porque sencillamente no la hay. Ni en Wikipedia, ni en la Enciclopedia Aragonesa, ni en las preguntas chorras del Yahoo, ni en forocoches.com... En primicia, y desde Jinete del Viento para el resto del mundo, ofrezco a continuación un testimonio único y privilegiado, merced a nuestro camarada buitako que se tomó la molestia de escribir al ayuntamiento para dilucidar quien era este personaje tan misterioso.
Desde aquí, administraremos sabias dosis de justicia sobre la espesa capa que a veces cubre el glorioso mundo de los anonimatos.
Sin más dilación, acompaño la contestación del ayuntamiento zaragozano:

 
Estimado Sr.:
En relación con su solicitud de información sobre la calle Matilde Sangüesa Castañosa, le comunico que esta denominación fue aprobada por el Pleno del Ayuntamiento de Zaragoza, con fecha 31-10-1997. Esta señora fue maestra y tuvo en esta calle una escuela privada. Sus antiguos alumnos solicitaron este homenaje.
Reciba un saludo,
Servicio de Patrimonio e Historia Cultural


Escueto, preciso, pero igualmente exclusivo y, desde hoy para el futuro, en las infinitas redes de Internet.
Tenía que llegar el día que alguien sacara de las brumas del olvido a Matilde Sangüesa. Es una obligación moral hacia una persona que si decidieron en consenso dedicarle una calle, está claro que sus méritos haría.
Me pregunto si en la placa figurará en pequeñito y entre paréntesis su condición de maestra, la próxima vez que pase por allí tendré que fijarme...
Si recibo más información o detalles sobre el personaje, no duden que ampliaría la primicia.
Era algo ya personal. Me acordaba del título de aquella película, "El inglés que subió una colina pero bajó una montaña" y me venía a la cabeza un nombre similar, "La mujer que figuraba en una calle pero que ni Dios sabía algo acerca de ella".
Va por usted, señorita Matilde.

viernes, 12 de abril de 2013

Bar Summum.

La última reunión gastronómica buitaka fue en el Bar Summum, pero antes de relatar nuestras andanzas me van a permitir que proponga un pequeño concurso que tiene que ver con la ubicación del garito, en la zaragozana calle de Matilde Sangüesa Castañosa, número 3.
Mi gratitud eterna a quien me desvele el enigma de qué coño hizo esa mujer para que le dedicaran una calle, porque no hay manera; no hay forma humana de descubrir de dónde viene ese nombre, a menos a priori y tras perder cinco minutos en Google con búsquedas infructuosas. Por Sangüesa sólo me aparece la propia calle de marras o el municipio y comarca que pertenecen a Navarra. No me rindo e insisto: "Matilde Sangüesa quién era", pero Google se ríe de mi y sigue en su labor de dirigirme a la puta calle o a tierras forales. La cosa aún se desmadra más cuando a partir de la tercera página sólo encuentro titulares: "Detenidos dos jóvenes por atraco en Matilde Sangüesa", "Quema de contenedores en Matilde Sangüesa". Pruebo a escribir el nombre en el buscador de imágenes, para ver si podemos echarle la culpa a algún rostro misterioso. Nada, tampoco se tratará entonces de una ilustre jotera fallecida hace poco tiempo...
Realizo otra pesquisa más metódica; si las calles cercanas tienen nombres geográficos de comarcas aragonesas como Sierra de Gúdar, Valle de Zuriza o Bielsa, ¿Qué relación puedo hallar en ello? ¿Ese nombre propio pertenece en realidad al de un pueblo caprichoso y diminuto, tan insignificante que en lugar de aparecer en mapas, sólo se le menciona en placas? Se me antoja poco probable.
Todavía me quedaba Wikipedia, que me aporta datos nuevos en el apartado desambiguación: Sangüesa, o frambueso, árbol de las rosáceas de fruto comestible. Desesperante. Empiezo a creer que si busco el nombre en las páginas amarillas es más fácil que coincida con un ser vivo. A ver si éste va a ser otro caso como uno que en su día conté en el blog, de un madrileño en una noche de juerga que puso una placa con su nombre a una calle muy pequeña y de escasa importancia, hasta que pasó el tiempo y se confeccionaron incluso planos con esa nueva denominación. Doña Matilde, si todo esto es obra de una trastada, usted lo que se merece es una plaza con su estatua en oro. Pero me da a mi que no va a ser así.
"El expediente Sangüesa", qué gran nombre para una intriga policiaca...
Agradeceré cualquier pista que me faciliten sobre la Matilde. Gracias.
Bien. Nueva cena buitaka y con la dinámica habitual, ni fue el primer martes del mes, ni se escribe la crónica en los dos días siguientes. Tampoco era una cena al uso porque eso también ha variado circunstancialmente, ahora nos hemos propuesto hacer una "ronda" de hamburgueserías. No sabría decir en que momento crítico de borrachera y de quién partió esa idea, pero así lo decidímos.
Llama Eterna como Hamburguesero de Ceremonias escogió el Summum, un garito conocido por todos nosotros. No en vano hará unos tres años que fue amonestado severamente por la tribu al organizar allí un festín de cumpleaños y declarar "Esto sirve y anula la cena buitaka"... Tras exponer nuestras amplias quejas en servilletas de bar y firmar abajo todos los perjudicados, y cuestionarnos si mandarlo a galeras o darle otra oportunidad, al final tuvo que deshacer el entuerto en una visita cómica-festiva que los buitakos hicimos después a tierras francesas. Y mereció la pena el castigo. Desde aquella ocasión en Nimes, cuando cenamos en un restaurante superpijo, que no he vuelto a probar una  fondue. Bueno, tampoco me han vuelto a tocar el piano mientras como, en honor a la verdad...
El Summum es un sitio ideal para organizar eventos, más allá de las pegas que en un momento dado te puedan sacar una manada de amigos desagradecidos. Está en una zona bastante tranquila y dispone de una terraza amplia en la calle de tan misterioso nombre. Una amplia carta donde elegir sándwiches, tostadas, bocadillos en chapata o hamburguesas, que de éstas últimas habría hasta siete modalidades distintas.
Momento de disculparme en el apartado fotográfico, cómo no. Se me disculpe el toque cubista en las instantáneas. En Mayo creo que renovaré mi contrato de permanencia y ya dispondré de un jodido teléfono que haga las fotos en condiciones...
Nuestro festín constó de:

-Huevos rotos con foie:
Si, ahí parecen espaguetis con ración extra de queso rallado.
Generoso en el foie. Y me gustaron especialmente las patatas, que todo hay que decirlo, son las que se hallaban abundantemente debajo de nuestro siguiente plato comunitario, las alitas de pollo:
Dada la calidad fotográfica puede parecer incluso un pollo entero, porque sólo se adivina algún muslillo sobresaliendo del resto de una masa compacta. Estaba muy bien, pero digamos que el 33% del contenido eran patatas, o sea, a unas 3 piezas de carne por persona = 9 patatas por comensal. La culpa era del diseño hondo del plato, que llevaba al engaño. Algo parecido a lo que hacía un tío mío cuando vendía carbón en remolques, que metía el carbón más bueno en una fina capa y en lo más alto... En un plato amplio y sin fondo considero que queda mejor servir estas piezas, porque luego hay gente que piensa que le estás haciendo un truco, aunque quede satisfecha con su contenido. Somos así de tontos.
Y como colofón, la misma hamburguesa para todos, la que normalmente llamamos súper:
Estaba buena, si. Pero sin llegar a la exquisitez. Era robusta, grasienta, como toda buena hamburguesa que se precie, pero es que éstas constituyen todo un mundo; hay veces que comes unas pequeñitas y te sorprenden su sabor,  y con otras te relames viendo sus proporciones y luego compruebas que no eran para tanto.
Correctas, en todo caso.

Con la servilleta morada parece una insignia en un traje de Semana Santa. Bueno, fue por esas fechas...
Estuvo bien, habiendo hecho esta cena a modo barrio, o de estar por casa.
Quedándonos al borde del empacho, mi impresión final sólo estuvo mermada porque elegí, al igual que el resto, cerveza para cenar. Vale que le vaya mejor a una cena de hamburguesas pero chico, una cena al fin y al cabo, sin vino...  En el próximo buitakomburguesa me pienso inclinar por regarlo con vino, pero de los baratos, que me tocará pagar a mi...
Espero que me chiven cuánto costó la cena y ponerlo por aquí, porque no tengo ni zorra.
Y lo más importante, que alguien me resuelva el misterio de Matilde Sangüesa, que estoy por hacerle un post especial en el blog.

martes, 9 de abril de 2013

La maldición de Bin Laden.

No es nada nuevo. Desde que el hombre es hombre, o al menos, desde que éste cree en dioses, la parafernalia de las profecías y el oscurantismo de sus intrínsecas maldiciones caminan por las mismas sendas.
Más mundanamente, podríamos mencionar viejas leyendas -siempre maquilladas para la ocasión- que han arrojado ríos de tinta, atiborrado cuentas de correo electrónico con desinformación, y que suelen saturar las redes sociales entre los perfiles de baja reputación.
 Hablo de las leyendas urbanas, pero cuando alcanzan su cenit y traspasan el propio mito.
Vale que casos como la maldición de Tutankamón sobre el equipo de Howard Carter, o las muertes que precedieron a la condena de la Orden del Temple y la muerte en la hoguera de su último Gran Maestre tengan su veracidad, o si acaso su casualidad más certera, por llamarlo de alguna manera, pero que a día de hoy se creen (a usar los 2 verbos posibles; creer o crear) conjeturas satánicas sobre historias tan dispares como "la maldición de Alf" o "la maldición de Hello Kitty", se pasa ya de castaño oscuro.
En estos mismos instantes no me costaría esfuerzo imaginar a un internauta avezado tejiendo una futura historia que compartir en la Blogosfera, "la maldición borbónica de los elefantes huérfanos de Botsuana". Todo comenzó hace poco más de un año; el Rey disfrutaba de una caza tranquila, hasta que hirió de muerte al ejemplar equivocado. En el Kalahari se escuchó entonces un barritar agonizante que daría lugar a la venganza más terrible que haya conocido una monarquía... El perdón por sus actos no bastó, y además de los daños físicos que el propio Rey experimentó en su cuerpo, una ola de escándalos sacudió a toda su familia... Corrupción, prevaricación, malversación... Hasta las herencias ya olvidadas en el tiempo salían ahora a la luz, y el pueblo presionaba para que les diera explicaciones. Ni siquiera mandar lejos a su yerno, a las áridas y lejanas tierras del desierto, parecía que fuera a calmar ese clamor social que comenzó con un disparo seco en la recóndita Botsuana...
Hombre, si consideramos todo un cúmulo de acontecimientos que se desatan cuando no se están haciendo del todo bien las cosas, ya no habría necesidad de por qué llamarla maldición. Sino es muy fácil crearlas. Yo me sé otra, "la maldición de Rajoy"; un día dijo todo lo que se proponía hacer si llegaba al poder, al Diablo no le debió de gustar nada que prometiera a tanta gente la recuperación futura del país y lo castigó, obligándole a que una vez en la cima hiciese todo lo contrario, y ni Dios sabe cómo puede terminar esto... Hay quienes aseguran que hasta está poseido por una especie de demonio alemán. Reenvíalo.
 Pero la maldición más actual, aparte de la que se nos puede oir cuando examinamos nuestra cuenta corriente, las políticas de los grandes partidos o el estado general de las cosas, es "la maldición de Bin Laden":
De los 25 hombres del Team 6 de los Navy Seals que formaron parte en la operación para acabar con el perturbado del turbante, hay noticias bastante catastróficas. Aseguran que 22 miembros de dicha fuerza de élite perdieron la vida tres meses después en un ataque al helicóptero en el que viajaban, aunque el gobierno de los USA califique de "improbable" que se tratara de los mismos hombres que estuvieron en la caza de Bin Laden. Uno de los que si se sabe con certeza que participó en aquello, murió recientemente en un choque fortuito con su paracaídas.
Hace un mes se dijo también que quien le pegó el tiro de gracia al saudí, dejó el ejército tras 16 años y no tenía ni seguro médico público ni sabía quién le pagará la pensión. ¿Será español éste buen hombre y también le habrá alcanzado la "maldición de Rajoy"? No hay duda de que nos faltan muchos datos, y hay cantidad de cabos sueltos, incluso cabos sueltos que abandonan la vida militar y se preguntan si tendrán pensión. Pero es otra candidata a historia maldita, a machacarla una y otra vez con bases poco sólidas que cultiven la leyenda. Claro que es una suerte, aún podrían inventarse bulos menos demostrables; si es cierto que tras matarlo lo arrojaron al mar, podían probar a confeccionar una "maldición de los peces que se alimentaron de Bin Laden". Que sé yo, que contaran toda una sarta de apreciaciones tales como que desde entonces hay conocimiento de nuevas especies mutantes en la zona, sardinas varadas en las playas y rezando hacia La Meca, o tiburones con forma de AK-47.
Puestos a fomentar el mito de las maldiciones, abusemos todavía más de la fantasía.
Recuerden que Elvis no vive, lo maté yo.

sábado, 16 de marzo de 2013

Restaurante La comarca del Matarraña

Analicemos por unos instantes la política de las cenas buitakas: cuatro individuos que frecuentaban un garito (ya desaparecido) se reunían el primer martes de cada mes en un restaurante distinto, para más tarde puntuarlos e incluso redactar una crónica inmediata sobre lo acontecido. Ahora bien, en la actualidad, y ante la ineludible evolución del orden de las cosas, las cenas las organizamos cualquier día, casi a mediados de mes con algo de suerte, las puntuaciones las hemos suprimido de nuestros estatutos y las crónicas parece que se demoran algo en el tiempo...
La dinámica buitaka nunca es constante ni lineal, no se a qué esperan para reflejar esta expresión en todos los libros de ciencias.
Por suerte, contamos con cierto margen; cuando juntemos dos cenas mensuales el mismo día, sabe Mañitú que el Apocalipsis buitako estará muy cerca. 
Solo podría existir un panorama más desolador, y esto es que escojan para la dicha cita un lunes cuando juega tu equipo favorito, en todo un Zaragoza vs Granada, duelo a muerte por todo lo bajo - 0 a 0 en un partido malo de solemnidad, cabe mencionarlo-.
Brazos en alto, como Maestro de Ceremonias, tuvo que hacer mil cábalas para contentar a los buitakos implicados, a aquél que se la sudaba el fútbol y deseaba menear el bigote sin más dilación, o al que quería ver el encuentro tranquilamente y posponer la cena a otro día cualquiera -que no jugara su equipo, claro, aunque en la siguiente ocasión cayeran del cielo chuzos de punta-. A estas alturas, imagino se adivina cual era mi postura. Si añadimos que los lunes es un día complicado en la hostelería, y que muchos lo guardan como jornada de descanso, todo ello, agitándolo sin demasiada violencia, nos servirá un gran cóctel de conflicto.
Coincidiendo esta semana con la elección del nuevo Papa, nosotros creamos nuestro cónclave particular. Únicamente la pericia de Brazos al encontrar un garito que nos ofreciera las dos posibilidades, salvó una noche abocada al desastre. Mis camaradas -mucho más tecnológicos que yo con sus funciones WhatsApp- se enviaban mensajes para ver qué hostias hacíamos con la cena, mientras servidor, con la afirmación "Me voy a la ducha. Igual al salir me hago daño en la pierna y no puedo acudir al evento", parecía no poner mucho de su parte. Pero atisbamos por fin la fumata blanca, la de los fogones del restaurante que nos ocupa, La comarca del Matarraña, en la calle de Félix Latassa número 8.
Todos contentos, cena y fútbol. Ni que decir que comiendo y charrando, poca apreciación puedes tener de un partido, aunque para la pachanga que brindaron ese día...
Un espacio rectangular amplio de la hostia, con numerosas mesas y una planta situada a un nivel algo más alto del suelo. Nuestra ubicación, al principio del garito, casi debajo de la TV. Por momentos creíamos oler a césped...
El camarero que nos atendió resultó ser vecino de Llama Eterna, lo que le dio pie a sacar su vena empresarial y gestionar esa circunstancia para ver si la cena nos salía algo más barata.
Mi único pero a la noche -aparte de que el Zaragoza no metiera un gol ni al arco iris- fue el reducir nuestras dosis de vino habitual y pedir sólo una botella, servida ya con el plato fuerte. Hasta entonces estuvimos de cervezas, en los momentos previos al banquete y también con los entrantes. Mi organismo parece que la contempla como buena acompañante exclusivamente cuando come pizza, quién lo iba a decir.
Nuestros entrantes:

Ensalada de ventresca, pimientos de piquillo y cebolla confitada. 
 
 Tabla de jamón y queso, y su pan con tomate.

 Huevos rotos con gulas y foie.
 
Todo correcto y rico. Destacaría de los tres, los huevos rotos. Serían las gulas, las patatas que vendrían de una buena cosecha o porque el Real Zaragoza en ese momento generó la oportunidad más clara de gol, cuando en un contraataque muy osado se atrevieron a cruzar los límites del centro del campo... No lo sé, pero me gustaron especialmente.
De plato fuerte, el amado chuletón a la piedra, que una vez más estaba dispuesto a contradecir a aquellos que opinan que hacemos mal en pedir chuletón en todas partes porque siempre sabe igual. Esta carne era fina, suculenta, estaba bien troceada y genialmente presentada, con sus salsas para untar y su guarnición de patatas y pimientos, rojos y verdes -aunque no figure en las fotos que acompañan-.
 
Y con su altar de sacrificios a la medida, sin necesidad de preocuparse porque la llama deje de funcionar. Vamos, que de 10; todo aquello que debe tener un chuletón para comérselo a buena gana.
 
 
Ya colmados, y cuando el Real Zaragoza ofrecía su mejor juego en televisión -creo que entrena algún suplente justo cuando termina el partido...-, nos quedaba un pequeño rincón estomacal para los postres:
 

Lo sé. Parece un menú para alimentar a una piara poco exigente, sólo faltarían las cáscaras de sandía, pero no, es que la foto se tomó demasiado tarde. Ahí había un brazo de gitano, un tiramisú, un tocino de cielo (desechemos entonces el canibalísmo) y una "tarta de la abuela". Un aspecto muy positivo es que en este garito no se sobran con los precios de los postres como en tantos otros, donde un trozo de helado de mierda nos podría rondar los 5 euros. Además, estaban los cuatro cojonudos.
Hubo carajillos y chupitos a cuenta de la casa.
La botella de vino fue un Barón de Ley, reserva 2.003. Lo digo; ¡afrutado! Que era Rioja pero me recordaba a alguno bueno de los de Somontano.
En cervezas fueron 9 tubos a añadir a la factura.
El total:
129,10 €uros.
Así que un precio asequible y concordante con el servicio y calidad que te ofrecen.
He de volver un día a probar sus bocadillos, que los ponen muy bien en las opiniones que hay por Internet.
Gracias a Brazos en Alto, nuevamente, por su reportaje fotográfico. Y al Granada C.F., que impidiendo la victoria del Zaragoza -con poco esfuerzo-, hace que sigamos enganchados cada jornada liguera, en un oscuro acto de fé por ver si salen de las posiciones peligrosas o descendemos a 2º división de una puta vez y nos quitamos ya el sufrimiento.

lunes, 11 de febrero de 2013

Mesón La Cazuela.


¿Alguien ha probado a realizar la búsqueda "buitakos" en Google Imágenes? Yo ahora mismo y me he asustado mucho. El lado romántico me quiere indicar que hemos creado una marca propia. La sensatez y el sentido común, que toda referencia o residuo que dejamos por Internet ocupa un espacio silencioso, pero casi perpetuo. Vamos, que un álbum de fotos sobre el blog hecho por encargo, no quedaría tan emotivo como al usar esa herramienta. Ni que decir que entre todas las imágenes predominan las de restaurantes visitados por la tribu, y que ahí aparecen más platos que en un campo de tiro.
Añadamos pues, otras estampitas para nuestro particular estuche de recuerdos. La cena buitaka de febrero en Mesón "La Cazuela", situado en pleno corazón de Las Delicias, en el entramado de calles laberínticas que se hallan entre la via que da nombre al barrio y aquella otra que obtuvo su denominación para enfatizar la ruta a seguir hacia la Universidad... Que queda pedante, sobrecargado, ¿innecesario tal vez? A cualquiera puede sucederle cuando habla de su puto barrio. Para el más común de los foráneos, aportemos la dirección como calle Daroca, número 5.
Como no podía ser de otro modo, "La Cazuela" tiene dos asas, una para entrar por la parte de la barra y otra para acceder directamente al restaurante. Es un sitio amplio y algo peculiar, está decorado en buena medida con motivos taurinos -aunque nunca entenderé cuales son exactamente los que arrastran tanto público a los grandes ruedos- y posee un horno de leña a la vista de los clientes, junto a un mostrador alargado donde van preparando todo el cotarro.
Merece la pena recalcar la parte del horno, ya que buscando información por la red he dado con un curioso documento, propio de un spin-off de Bricomanía. El testimonio podría ser:
Hoy vamos a ver, queridos amigos, cómo fabricamos nuestro propio horno de leña para poder cocinarnos ese lechoncillo que nos ha regalado la abuela. Muy sencillo. Para ello sólo necesitamos un rincón donde instalarlo, un palet de ladrillos refractarios, medio palet de ladrillo hueco, un saco de cemento siderúrgico y un bote de pintura esmaltada. ¿Ya teneís todo? Ahora sólo queda llamar al herrero, que tome medidas para las puertas y os facilite el resto de accesorios. ¿Que se os va a poner malo el lechón con los preparativos? No os preocupeís, aquí os dejo un práctico brico-consejo de cómo podemos fabricar nuestro propio congelador de gran capacidad en muy pocas horas...
Por desgracia, no pudimos disfrutar de las excelencias del horno rústico la noche del martes pasado, al ser fecha conflictiva -era el día se Santa Águeda- y que Topo Indeciso, en su calidad de Maestro de Ceremonias, esperó hasta última hora para reservar restaurante. Una constante que se ha convertido en lo habitual...
Como segundo punto a la desgracia, las fotos que acompañan al post son de autoria propia, con la pésima calidad gráfica que ello implica. Es un medio camino entre los primeros experimentos de los hermanos Lumiére y la técnica cinematográfica más novedosa que aportaría Lars Von Trier una mañana resacosa, tal como lo veo yo. Son fotos que sugieren un continuo movimiento.
El pan figura bastante estático. Un poquico más regado de aceite y un par de dientes de ajo machacado no hubieran desestabilizado el plato cuando lo trajeron desde la cocina. Dicho de una manera menos cordial, coño, ¡que salta a la vista!... De lo que no iban untadas las rebanadas era de generosidad. Y que luego en todos los restaurantes se ha puesto de moda cobrar el pan aparte.
Versados los buitakos en la insana costumbre de pedir siempre de más, y luego papuzarnos toda la comida aunque los estómagos revienten, parece que vamos aprendiendo y adoptando el buen sentido de la proporción. Tres entrantes para compartir y plato principal para cada comensal.
"Litografías" de los primeros:
No es un centro de flores oriental; huevos rotos con morcilla y longaniza. Yo era el único que los quería sólo con longaniza y tocó mezclar ambos ingredientes. Muy ricos.
No es una estrella en un plato; son migas ¿a lo pobre? A lo muy pobre diría yo. Tomate, cebolla y cachitos de fino chorizo situados en puntos estratégicos. Échale algo de panceta, longaniza, el aceite que ahorraste con el pan... He leído por Internet un comentario de una señorita que decía "iba de propio allí por las migas". Pues créanme, como no sea la que le suministra de cebollas y tomates al garito, no le encuentro explicación al asunto.
No son olivas en rama; caracoles al tomillo con alioli. Bien, correctos.
El plato estelar sin duda, que pedimos Llama Eterna, Topo Indeciso y yo. Novillo argentino. Sabroso, jugoso, tremendo.
Brazos en Alto prefirió otro plato. Por suerte no cambió su decisión en el último momento. Pedir novillo y gritar que quería conejo cuando se alejaba el camarero, aquella noche de Santa Águeda, con la reunión de marujas alteradas que teníamos detrás, podría haber tenido consecuencias imprevisibles.
Nos bebímos una botella de Alcorta crianza 2.008 (vino que no me entusiasma) básicamente entre Topo Indeciso y yo.
Después, la sorpresa de la noche, el gesto impensable que jamás creerían ver mis ojos, ese pequeño detalle que a todos nos irradió bondad en lo más profundo del alma:
LLAMA ETERNA TRAJO UN POSTRE.
Y lo pongo así, en negrita y subrayado sólo porque Blogger no me permite poner señales de balizamiento ni acompañar los textos con música celestial. Tras meses de insistencia, al fin tuvo la delicadeza de compartir con nosotros, desinteresadamente, un postre de los que elaboran obradores muy cercanos a él. Mañitú le bendiga.
Reliquía de la Águeda, la santa teta:
Llegado aquí, no se cuanto le costó la cena al Maestro de Ceremonias, pero recuerdo algún comentario a lo "pues no es caro". Así que con esa valoración final de calidad-precio nos quedaremos por el momento.

martes, 22 de enero de 2013

Taberna La Magnolia.

Y dos semanas después llegó la crónica de la última cena buitaka. Es lo más adecuado; ayer parece que al fin pude completar su digestión.
Mal acaba lo que mal empieza, y como tuvimos problemas serios para concretar de una vez por todas la velada, bien está demorar igualmente nuestras impresiones de aquella noche.
Jinete como Maestro de ceremonias, la opción inicial era un restaurante de los que ofertan en Groupalia. Hoy puedo sentirme dichoso de que Brazos en Alto y Llama Eterna, mediante suaves reticencias, me hicieran desistir de la idea. Hace poco tuve la oportunidad de visitar la tasca en cuestión -ya que los vales los tenía comprados- y comprobé lo desafortunada que habría sido allí nuestra reunión mensual, porque, la comida en sí -exceptuando un par de cosas- no estaba tan mal, pero vamos... una mezcla entre taberna de pueblo solitario y semi-restaurante de gasolinera que echaba para atrás. Creo que cuando abandoné su local descolgaron el teléfono para pedir asesoramiento al gran Chicote y sus cocinas infernales. Por lo menos... joder, que no se puede indicar en un menú como plato de carne "solomillo ibérico con beicon" y que te saquen una tostada en plan (y pan) rancio con dos trozos minúsculos que podrían ser de rata. Lo peor, que como compré 4 vales aún me quedan 2 para volver allí.
Si lo llego a elegir al final para la cena de enero, terminan mis compañeros crucificándome en la mesa y haciéndome pedacitos con los platos, como vulgar lechón segoviano.
Por suerte, tampoco teníamos otro opción bien definida, así que quedamos ese martes a las 8 de la tarde sin tener ni zorra de donde iríamos a cenar.
A mi favor solo puedo decir que comencé el año con la espalda fastidiada y que hubiese retrasado la cita una semana más, con objeto de reponerme y buscar algo un poco más elaborado. Pero no disponíamos de tiempo y, a última hora y fruto de la curiosidad, nos dio por visitar un garito por el que ya pasamos antes. Era buitakamente legal, ya que había cambiado de dueños y por extensión, podíamos repetir cena en el mismo lugar. La casualidad quiso que fuera también en enero, como aquel episodio en "Las viandas", cuyas sensaciones quedaron plasmadas en un anterior post.
Ahora se llama "La Magnolia", en Mariano Barbasan 3.
Esta vez no tuvimos que aguantar ninguna jauría de criaturas bulliciosas celebrando un cumpleaños. De hecho, la parte más ruidosa creo que la aportamos nosotros mismos, pues en La Magnolia solo se encontraba una pareja cuchicheando cerca nuestro, una música hortera, pero rebajada para nuestra mayor gloria, y un servicio amable y campechano, conformado por el jefe del garito y por quienes preparaban la comida, que yo imaginé como su mujer y su hija. Las mismas que salieron de la cocina creyendo que deberíamos ser una pandilla numerosa, a tenor de todo lo que habíamos pedido. Hasta pusieron cara de sorpresa al verificar que solo eramos cuatro. En ese imaginario tan arriesgado, yo hubiera apostado algo a que se trataba de una familia que, bien invirtiendo gran parte de sus ahorros, o quizá por un golpe de azar jugando a la loteria, decidieron recientemente abrir un nuevo negocio, con la ilusión que siempre aviva los nuevos retos laborales. ¿Quién no ha dicho alguna vez eso de "Joder, Mamá. ¡Qué ricas te han salido las empanadillas! Un día de estos tenemos que montar un restaurante"? Una hipótesis que cogía fuerza en mi cabeza, dada la amabilidad y cercanía con las que fuímos obsequiados en todo momento, y no me refiero a las preguntas típicas de sonrisa forzada, tipo "¿Era de su agrado el vino?", si no de que te sirvan un plato de robustas albóndigas y aquel señor se quede a 2 metros escasos, con actitud risueña, como esperando que se te escape un "Esto está cojonudo", para asentir él con una sonrisa todavía más abierta.
No hay nada como la sencillez, la naturalidad y el ser campechano. Quizá solo pueden superarse con una generosa ración de albóndigas de buey, pero eso va más adelante...
Vayamos al papeo y sus centritos para compartir:
Chipirones rellenos en su tinta con arroz. Correctos. Si los comparo con los que me dieron en la tasca vía Groupalia, cualquiera habría jurado que eran especies distintas. O de otro planeta; es más, los de la tasca de los cupones sabían como si los cocinaran a la piedra, de meteorito chungo, para ser exactos. Aparte del sabor, parecían de goma, así que no puedo descartar otra procedencia más cercana; quizá eran suelas de calzado de astronauta.
Piquillos rellenos de Txangurro. Similar en todas partes, al menos para mi averiado gusto.
Pochas con codorniz. Supongo que estaban bien, mi problema es que no soy muy amigo de comer legumbres por la noche, así que fue lo que menos me agradó de toda la cena. Pero hostias, un plato de estos al mediodía bien sabe Mañitú que reconforta igual que un par de mantas de bisonte en una tarde de invierno.
Morteruelo. Jamás lo había probado, pero repetiré cuando lo vuelva a ver en otro sitio.
Indica la Wikipedia:  Guiso que se hace con hígado de cerdo (y a veces se le añaden otras carnes de caza menor y volatería como lomo de cerdo, pollo o gallina, conejo, etc.), especias y pan rallado, todo ello bien machacado en un mortero para que el resultado sea una pasta. El nombre proviene etimológicamente del empleo de este utensilio de cocina para su elaboración. La similitud con el foiegras es mencionada por diversos autores.
Me inquieta la explicación. A mí es que me gustaba el nombre porque me sonaba a expresiones propias del Quijote. Cojamos un párrafo casual:
No entendían los cabreros aquella jerigonza de escuderos y de caballeros andantes, y no hacían otra cosa que comer y callar, y mirar a sus huéspedes, que, con mucho donaire y gana, embaulaban tasajo como el puño. Acabado el servicio de carne, tendieron sobre las zaleas gran cantidad de bellotas avellanadas, y juntamente pusieron un medio queso, más duro que si fuera hecho de argamasa.
Soy de la opinión de que morteruelo tendría cabida en cualquier parte del texto, y quedaría bien bonito...
Paté de queso de oveja. Un gustazo.
Aquel que todavía diga "la hostia en vinagre" es porque aún no ha probado los albondigones de buey con salsa de boletus y trufa al vino. Plato estrella sin duda. Un placer para el cuerpo.
Un capricho que tuvo Jinete, bacalao encebollado. Que triunfó entre el resto de la manada y se vio mermada mi ración.
Estofado de rabo de toro. Rico. Me remito de nuevo a Chicote, que he visto sus últimos programas, y la observación que un día dijo para diferenciar por el corte del hueso si un rabo de toro era vendido en pieza o congelado por trozos, me dejó acojonado. Me fijaré en futuras ocasiones.
Entrecot - Creo que se lo pidió Topo Indeciso. Desde aquí mi agradecimiento a Brazos en Alto; suyo es el 80 % del reportaje fotográfico del post. Esta instantánea es de mi mierda de móvil.
Tarta de leche y de chocolate. Algo ligerito, pero gozoso.
Tomamos dos botellas de vino, una de un tal Beronia y el otro Pinna Fidelis, crianza 2.006 (ni que decir que del último tengo fotos, claro...).
Carajillos y chupitos.
Total : 134 / 137 €uros. (Perdí el puto ticket).
Sé que un topicazo, pero es un lugar para volver.