martes, 22 de enero de 2013

Taberna La Magnolia.

Y dos semanas después llegó la crónica de la última cena buitaka. Es lo más adecuado; ayer parece que al fin pude completar su digestión.
Mal acaba lo que mal empieza, y como tuvimos problemas serios para concretar de una vez por todas la velada, bien está demorar igualmente nuestras impresiones de aquella noche.
Jinete como Maestro de ceremonias, la opción inicial era un restaurante de los que ofertan en Groupalia. Hoy puedo sentirme dichoso de que Brazos en Alto y Llama Eterna, mediante suaves reticencias, me hicieran desistir de la idea. Hace poco tuve la oportunidad de visitar la tasca en cuestión -ya que los vales los tenía comprados- y comprobé lo desafortunada que habría sido allí nuestra reunión mensual, porque, la comida en sí -exceptuando un par de cosas- no estaba tan mal, pero vamos... una mezcla entre taberna de pueblo solitario y semi-restaurante de gasolinera que echaba para atrás. Creo que cuando abandoné su local descolgaron el teléfono para pedir asesoramiento al gran Chicote y sus cocinas infernales. Por lo menos... joder, que no se puede indicar en un menú como plato de carne "solomillo ibérico con beicon" y que te saquen una tostada en plan (y pan) rancio con dos trozos minúsculos que podrían ser de rata. Lo peor, que como compré 4 vales aún me quedan 2 para volver allí.
Si lo llego a elegir al final para la cena de enero, terminan mis compañeros crucificándome en la mesa y haciéndome pedacitos con los platos, como vulgar lechón segoviano.
Por suerte, tampoco teníamos otro opción bien definida, así que quedamos ese martes a las 8 de la tarde sin tener ni zorra de donde iríamos a cenar.
A mi favor solo puedo decir que comencé el año con la espalda fastidiada y que hubiese retrasado la cita una semana más, con objeto de reponerme y buscar algo un poco más elaborado. Pero no disponíamos de tiempo y, a última hora y fruto de la curiosidad, nos dio por visitar un garito por el que ya pasamos antes. Era buitakamente legal, ya que había cambiado de dueños y por extensión, podíamos repetir cena en el mismo lugar. La casualidad quiso que fuera también en enero, como aquel episodio en "Las viandas", cuyas sensaciones quedaron plasmadas en un anterior post.
Ahora se llama "La Magnolia", en Mariano Barbasan 3.
Esta vez no tuvimos que aguantar ninguna jauría de criaturas bulliciosas celebrando un cumpleaños. De hecho, la parte más ruidosa creo que la aportamos nosotros mismos, pues en La Magnolia solo se encontraba una pareja cuchicheando cerca nuestro, una música hortera, pero rebajada para nuestra mayor gloria, y un servicio amable y campechano, conformado por el jefe del garito y por quienes preparaban la comida, que yo imaginé como su mujer y su hija. Las mismas que salieron de la cocina creyendo que deberíamos ser una pandilla numerosa, a tenor de todo lo que habíamos pedido. Hasta pusieron cara de sorpresa al verificar que solo eramos cuatro. En ese imaginario tan arriesgado, yo hubiera apostado algo a que se trataba de una familia que, bien invirtiendo gran parte de sus ahorros, o quizá por un golpe de azar jugando a la loteria, decidieron recientemente abrir un nuevo negocio, con la ilusión que siempre aviva los nuevos retos laborales. ¿Quién no ha dicho alguna vez eso de "Joder, Mamá. ¡Qué ricas te han salido las empanadillas! Un día de estos tenemos que montar un restaurante"? Una hipótesis que cogía fuerza en mi cabeza, dada la amabilidad y cercanía con las que fuímos obsequiados en todo momento, y no me refiero a las preguntas típicas de sonrisa forzada, tipo "¿Era de su agrado el vino?", si no de que te sirvan un plato de robustas albóndigas y aquel señor se quede a 2 metros escasos, con actitud risueña, como esperando que se te escape un "Esto está cojonudo", para asentir él con una sonrisa todavía más abierta.
No hay nada como la sencillez, la naturalidad y el ser campechano. Quizá solo pueden superarse con una generosa ración de albóndigas de buey, pero eso va más adelante...
Vayamos al papeo y sus centritos para compartir:
Chipirones rellenos en su tinta con arroz. Correctos. Si los comparo con los que me dieron en la tasca vía Groupalia, cualquiera habría jurado que eran especies distintas. O de otro planeta; es más, los de la tasca de los cupones sabían como si los cocinaran a la piedra, de meteorito chungo, para ser exactos. Aparte del sabor, parecían de goma, así que no puedo descartar otra procedencia más cercana; quizá eran suelas de calzado de astronauta.
Piquillos rellenos de Txangurro. Similar en todas partes, al menos para mi averiado gusto.
Pochas con codorniz. Supongo que estaban bien, mi problema es que no soy muy amigo de comer legumbres por la noche, así que fue lo que menos me agradó de toda la cena. Pero hostias, un plato de estos al mediodía bien sabe Mañitú que reconforta igual que un par de mantas de bisonte en una tarde de invierno.
Morteruelo. Jamás lo había probado, pero repetiré cuando lo vuelva a ver en otro sitio.
Indica la Wikipedia:  Guiso que se hace con hígado de cerdo (y a veces se le añaden otras carnes de caza menor y volatería como lomo de cerdo, pollo o gallina, conejo, etc.), especias y pan rallado, todo ello bien machacado en un mortero para que el resultado sea una pasta. El nombre proviene etimológicamente del empleo de este utensilio de cocina para su elaboración. La similitud con el foiegras es mencionada por diversos autores.
Me inquieta la explicación. A mí es que me gustaba el nombre porque me sonaba a expresiones propias del Quijote. Cojamos un párrafo casual:
No entendían los cabreros aquella jerigonza de escuderos y de caballeros andantes, y no hacían otra cosa que comer y callar, y mirar a sus huéspedes, que, con mucho donaire y gana, embaulaban tasajo como el puño. Acabado el servicio de carne, tendieron sobre las zaleas gran cantidad de bellotas avellanadas, y juntamente pusieron un medio queso, más duro que si fuera hecho de argamasa.
Soy de la opinión de que morteruelo tendría cabida en cualquier parte del texto, y quedaría bien bonito...
Paté de queso de oveja. Un gustazo.
Aquel que todavía diga "la hostia en vinagre" es porque aún no ha probado los albondigones de buey con salsa de boletus y trufa al vino. Plato estrella sin duda. Un placer para el cuerpo.
Un capricho que tuvo Jinete, bacalao encebollado. Que triunfó entre el resto de la manada y se vio mermada mi ración.
Estofado de rabo de toro. Rico. Me remito de nuevo a Chicote, que he visto sus últimos programas, y la observación que un día dijo para diferenciar por el corte del hueso si un rabo de toro era vendido en pieza o congelado por trozos, me dejó acojonado. Me fijaré en futuras ocasiones.
Entrecot - Creo que se lo pidió Topo Indeciso. Desde aquí mi agradecimiento a Brazos en Alto; suyo es el 80 % del reportaje fotográfico del post. Esta instantánea es de mi mierda de móvil.
Tarta de leche y de chocolate. Algo ligerito, pero gozoso.
Tomamos dos botellas de vino, una de un tal Beronia y el otro Pinna Fidelis, crianza 2.006 (ni que decir que del último tengo fotos, claro...).
Carajillos y chupitos.
Total : 134 / 137 €uros. (Perdí el puto ticket).
Sé que un topicazo, pero es un lugar para volver.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Restaurante Baobab.

La última cena buitaka del año 2.012 a dos semanas de comprobar si son ciertas las profecías mayas que anuncian el fin del mundo. Algo se estará cociendo -aparte de tanta verdura éste martes pasado-, si una tribu tan voraz y carnívora como la nuestra recurre exclusivamente a los alimentos que pueda ofrecer la tierra.
Si, queridos, llámenle cena, aunque para mí fuese una cruel encerrona. El asistir a un local de amantes de la alcachofa y fanáticos de la sinergia tofu-calabacín, y sin previo aviso, para mi no tiene nombre. 
En la calle Arzobispo Apaolaza 10, Restaurante Baobab.
Brazos en Alto como Maestro y castigador de Ceremonias. A él le resultaba graciosa aquella situación, gozaba observando nuestras miradas cuando nos indicó que su elección había sido ese restaurante; sabía que alguno iba a echar muy en falta nuestra habitual dieta de carnes y yo, tenía todos los boletus...
Vaya por delante mi respeto hacia los vegetarianos, pero llevarme a un lugar así me produce el mismo desasosiego que a un talibán una fiesta de pijamas.
Siempre había oído que era el mejor lugar de la ciudad para este tipo de comida, pero nunca pensé que yo fuera a corroborarlo. Bueno, no creo que sea la expresión adecuada, porque no tengo intención de compararlo con ninguno más.
¿Cené bien? Pues chico, como que me faltó algo (o me faltó algo que no comí).
Algo esmerados en sus platos, virtuosos a la hora de transformar manjares de la huerta en hamburguesas y derivados, un correcto servicio...
Me lo imaginaba peor al leer el cartel vegetariano, justo cuando entrábamos por la puerta. Me veía comiendo forraje con cuchara y escupiendo pepitas de calabaza dentro de un saco.
Pero se trata de un garito sofisticado, tanto como su carta, donde podremos hallar desde brochetas de tofu, calabacín, soja y coco hasta una amplia gama de patés vegetales. Lástima no tuvieran un chuletón de manteca de cacao con su guarnición de cebollas, que yo creo que me habría arriesgado a probarlo.
Empiezo por los segundos platos porque fue ahí donde cometí mi mayor error, el pedir un "montadito de patatas". Todo, por ver en la carta que contenía un ¡huevo frito!, salchicha de soja, vinagre de Módena y las susodichas patatas. Cómo poder describir mi sensación; cojan un corcho, un plástico u otro material sensiblemente blando, córtenlo en pequeños pedacitos y viertan 2 litros de vinagre sobre las virutas resultantes. A ver quien tiene narices después a asegurar que las patatas no estaban bien hechas, que la salchicha de soja es una sosada o que el huevo era de gominola, porque aquello poco menos que era comer vinagre de Módena en estado sólido. A mitad de plato lo cambié por el de Brazos en Alto, que eran canelones XXL con girgolas, champiñones, boletus y shitake con bechamel trufada. Estaba muy rico, o así lo apreciaba mi paladar, casi cuando mi boca parecía ya el sitio perfecto para montar un almacén de encurtidos. Debo tener vinagre de Módena en sangre para 5 años después de eso.
Llama Eterna se comió una "no" hamburguesa (que sabe Dios los ingredientes que llevaba) y Topo Indeciso un Quiché de boletus.
Posando todos para la ocasión:
De entrantes pedimos:
2 surtidos de croquetas. Unas de setas, otras de quesos a las finas hierbas y, las más elaboradas, con tofu, zanahoria y avellanas.
 Champiñones al queso, con ajo, nueces y perejil.
Verduras rebozadas -puerro, ajo, espárrago triguero, zanahoria y calabacín-. Con la salsa romescu pasa algo similar al vinagre de Módena: "mitiga tus sabores"...
Risotto de boletus.
El postre que triunfó fue el Maria Luisa, que lo pedimos tres de nosotros:
Sopa de yogur y chocolate blanco con helado artesano de hierba Luisa. Alguien optó por pedirse un pastel vegano (plátanos, nueces y chocolate).
2 botellas de vino: una de "Habla del Silencio" (extremeño), que me encapriché yo por su nombre -es muy parecido al Viñas del Vero-, y otra de Conde de Valdemar (Rioja).
Nos cobraron los cafés y carajillos, pero nos pusieron unos chupitos (aún hubo quien tuvo cojones de pedírselo de hierbas).
Total factura: 143,60 €uros.
Quitando mi triste episodio con el montadito-regadito por doquier, el resto estaba bien. Pero con la sensación perpetua de que me faltaba algo, que le vamos a hacer...
Un restaurante distinto, si me apuran original.
El precio si que me parece bastante caro.

martes, 20 de noviembre de 2012

El mundo mágico de Alexia Sinclair.

En tiempos tan turbios en los que el Ecce Homo ultrajado pasa a ser símbolo de orgullo nacional, o que las aportaciones de un gobierno en cultura son más escasas que su propia sinceridad a la hora de llamar a las cosas por su nombre (entiéndase un "apoyo financiero" al hablar de un rescate o de "regularización de rentas y de activos" donde debiera decirse amnistía fiscal), desde este reino eufemístico, del que por desgracia formamos parte, al menos podemos seguir disfrutando de las expresiones artísticas que nos vienen del exterior -dáles algo de tiempo y quien sabe; quizá decidan prohibir la amenaza de semejantes influencias, justo cuando por fin consigan vetar cualquier tipo de manifestación ciudadana. Una población descontenta perjudica la marca España, ya se sabe-. Pero bueno, como los políticos a día de hoy, parece que no pintan nada, hablemos de gente que mima sus lienzos y no de los que sólo dan pinceladas de amargura para dejarnos a todos a cuadros.
Alexia Sinclair, australiana. Igual te pinta una foto que te maquilla un decorado a lápiz. Vamos, que le pega a todo esta creadora-diseñadora-fotógrafa. Desde mi descubrimiento de Luis Royo  que no me cautivaba nadie así.
Modorro y baturro como me siento a la hora de contemplar el arte, desde mi nulidad interpretativa, no percibo esos toques oscuros a los que algunos se refieren por internete a la hora de definir su obra. Es más, me encantan las imágenes, pero echo en falta una pizca de transgresión o mala leche (para mi gusto, claro). Un esqueleto a los pies del árbol, un búho real papeándose una serpiente...





Supongo que es fruto de mi admiración por Luis Royo y su lado más heavy.
Alexia Sinclair elabora estas maravillas mezclando sus fotografías con ilustraciones manuales.
En la foto de arriba, ¿No hubiera quedado mejor una calavera de centurión con casco en lugar de ese hongo, y un cielo aún más atormentado? Es light, pero muy chula...

No imagino a un ser tan bello llevando así una conversación con una calavera, pero desprende mucho encanto.
Aquí ya tenemos hasta casco de centurión.
Seguramente mi favorita.
Les remito a la página oficial de Alexia sinclair, todo un mundo imaginario por descubrir:
Alexiasinclair.com/



jueves, 8 de noviembre de 2012

Restaurante Brujas y Flandes.

Pues eso. Que no contamos con ningún refuerzo de invierno ni fichaje de última hora, pero que comenzamos la 5º temporada de tragaldabas buitakos. ¡Tal vez pronto en su cocina!
Y es que son ya cuatro años de peregrinación gastronómica, de veladas agotadoras en torno a demasiadas mesas, de charlas pausadas o animadas, pero esperando que la brasa nos la dieran siempre otros. Sus fogones, sus sartenes, sus parrillas... todo un arsenal culinario empleado a nuestro servicio en este tiempo: podríamos serrar ahora barrotes con tanto mordisco aplicado, o llenar piscinas enteras con ese jugo gástrico. Si, queridos, cuatro años de cenas dan para mucho en la vida de un buitako adulto. Hemos visto caer gobiernos, fronteras e incluso reyes y elefantes en este periodo, pero nosotros seguímos al pie del mantel. Cuando el mundo se tambalea, para el pueblo buitako sólo esta girando algo más rápido, y nadie puede eludir jamás su cita en la asamblea mensual. A no ser que se quede uno dormido, claro. Pero eso ya son otras historias que tampoco vienen al caso.
Llama Eterna como Maestro de Ceremonias, sacrificándose al máximo en su rol especial de encargardo de insignes aniversarios, llamó por teléfono y el mismo día a Brazos en Alto, con el escueto mensaje "díme un sitio de esos que vas pensando tú para las cenas, tío, que yo no tengo tiempo..."
El lugar escogido por el Maestro de Cermonias y su valioso asesor, restaurante Brujas y Flandes, en María Zambrano 48.
Me quedé con las ganas de preguntar al dueño el por qué del nombre, la razón de aquella historia tan peculiar. No sé, es como si abrieran en Amberes un garito llamado "Zaragoza y Aragón", que también sonaría un poco extraño. Pero bueno, si algo me llama la atención de Bélgica desde muy pequeño es su política; Flandes parece ser que tiene deseos de independizarse del resto del país y todo el mundo se pregunta que ocurriría si convocaran un referéndum. En Flandes no lo sé, pero en las provincias vecinas; ¿Cómo votarían los valones? Es una tontada como un piano, pero el otro día vi que un tío decía en la tele que los "coles" de Bruselas sólo dispensaban menús vegetarianos a sus alumnos, y la gente, se partía la caja. Cada cual se rie con lo que quiere.
Brujas y Flandes, siete u ocho mesas, no electorales. Desde la calle puede dar la impresión de ser sólo un bar-café. No hay que llevarse a engaño, y con una sencilla búsqueda en Google se comprobará la buena opinión que el personal transmite sobre sus viandas.
Tienen una densa carta y cuatro menús bien seleccionados. Elegimos uno de 100 €uracos para cuatro mardanos.
Ensalada de las que no saben únicamente a verde:
Una escalibada cuyos ingredientes no recuerdo especialmente, ya que me apliqué más con las siguientes criaturas:
Chipirones. Es la única pega que pude leer en los comentarios de la red. Pues chico, estaban bien. Sabían a lo que tenían que saber. No tenían premio o sorpresa dentro con un vale para una noche de hotel, pero eran más que aceptables:
Ese pulpo tierno, tierno. Que lo debieron de cocinar mientras sonaban de fondo canciones de amor... Un gustazo a los sentidos:
Un capricho de quien escribe; huevos rotos con setas, jamón de pato y aceite trufado. Bieen. Era necesario un cambio, los huevos con foie van a terminar poniéndolos como aperitivo con la cerveza...
Solomillo de ternera. Sabe Mañitú que se trataba de una buena carne. Aunque nos dejáramos por ahí 3 trocillos sin comer, víctimas de un estómago ya demasiado saturado.
Botella de vino blanco recomendado por el dueño y una de tinto, Ramón Bilbao.
Detallazo de dos bombones por comensal sin haber pedido postres, y tras el cierre de persiana del garito y la sobremesa carajillera en el interior, a base de orujos de hierbas, tuvímos un gran descubrimiento; Altavilla licor de café. Fue la joya de la noche (creo que me casqué media botella).
Casi excelente el restaurante. Sólo que sonara de fondo -prácticamente íntegra- la discografía de Carlos Goñi menguó algo nuestras valoraciones.

sábado, 6 de octubre de 2012

Brasería Rialto.

Enésima cena Buitaka el miércoles pasado, en la zona más distinguida, alabada y frecuentada por parásitos políticos de nuestra ciudad en los últimos días, la de Puerto Venecia.
Sigan un consejo: si deciden desplazarse hasta allí háganlo en coche y desistan del autobús urbano; gastarán algo en gasolina, pero ahorrarán tiempo y mecaguendioses. El trayecto sino puede transformarse en un calvario. Yo cuando me apeé por fin en la parada que me indicaron, no sabía si ir en busca del restaurante o a visitar los lugares más turísticos de Vladivostok, porque aquel itinerario parecía una larga etapa en el Transiberiano... Montar en el 31 para ir a Puerto Venecia no es emprender un camino, es envejecer junto a otros pasajeros mientras recorres Zaragoza.
Sin dejar los Urales atrás, al descender del bus andaremos diez minutos y llegaremos al destino.
Brasería Rialto.
Aquí hay un problema serio. En Internete no encuentro referencias sobre el restaurante. Vale que sea un barrio muy nuevo, pero deberíamos hallar algún dato. Google no ayuda nada. Si escribo su ubicación (plaza San Marcos) acompañado del nombre del garito, me lleva a Venecia ciudad. Bastante lógico por otra parte. También si le indico Rialto y Puerto Venecia obtengo los mismos resultados, así que me inclino a pensar que no hay información en la red, y suerte que especifico lo de "brasería", porque si se tratase de una pizzeria ya no habría Dios que encontrase la pista (imaginen el cacao mental de Google confundiendo Piazza con Pizza, el puerto de Venecia con Puerto Venecia, y a pesar de todo tú indicando que buscas San Marcos pero en Zaragoza. De locos.). Eso pasa por ceñirse tanto a la copia, a su imagen y semejanza. Cualquier día hacen el tercer cinturón navegable para meter allí góndolas y que todo sea aún más parecido a la Venecia original... y qué coño, así se llegaría mucho mejor que con el 31.
Bueno, que Topo Indeciso hizo de Maestro de Ceremonias y que es por esa zona donde tiene su nueva vivienda. Claro que, en Puerto Venecia, el día que ya no construyan nada nuevo y decidan dejar de hacer agujeros, Topo Indeciso no tenga entonces donde escarbar y vuelva a cambiar de domicilio.
Otro pequeño detalle de falta de datos es que no tengo ni idea de cuanto costó la cena, pero recordando los precios de la carta tampoco debió subir demasiado.
Entremos en materia.
La Brasería Rialto es un sencillo pero apañado restaurante, de tamaño medio y perfumado con las fragancias propias de sus elaboraciones culinarias. Que si crees no tener mucha hambre, el olor a carnaza a la brasa seguro que te despierta la bestia que todos llevamos dentro, dicho de otro modo.
Mi único pero fueron las compañeras de mesa que tuvimos constantemente revoloteando sobre nuestras cabezas, supongo que fruto de estar el tiempo algo tonto, con las consiguientes puertas abiertas a media tarde con el calor, y al refrescar por la noche, tener el local con moscas encerradas. Porque por el mal estado de algún alimento no sería, doy fé. Cenamos muy a gusto y todo fue de nuestro agrado. 
Para compartir los cuatro Buitakos, lo que en otros garitos no saben describir como ensalada aragonesa. Fueron dos platos como éste.
A excepción de Brazos en Alto, todos nos pedimos una patata asada (a 1 €uro la unidad). Suculenta.
Revuelto de huevos con gulas. Es el primer caso que veo en mi vida que lo que menos hay en la ración precisamente es huevo... Correcto, pero tenía alguna patata aún dura y a medio hacer.
Ensalada de rulo de cabra. No la probé. Con ella se puso tibio el señor que no quiso patata asada...
Ternasco. Pedímos 1 kg y le dimos instrucciones a la camarera para que supiera que igual no era suficiente y que querríamos después otra tanda. No hizo falta, nos quedamos bien llenos.
Pero con valor para terminar con un buen postre colectivo. Riquísimo estaba el helado de plátano...
Llama Eterna nos prometió que en la siguiente cena él procuraría el postre. ya que anda metido en nuevos negocios relacionados con el goloso mundo de la pastelería. Porque somos Buitakos, que de ser pitufos, Llama Eterna sería el pitufo emprendedor.
Como resumen, Brasería Rialto; no la deje usted pasar por alto. Precio asequible y calidad en un garito de barrio, aunque no sea de los de toda la vida y en la zona esa que tanto imita a Venecia.
Merece casi hasta la pena un viaje-odisea con el 31.

viernes, 7 de septiembre de 2012

La lobera de Martín.

Que sea un auténtico profano en materias de Photochóf no quita para que use otro programa la mar de sencillo y su resultado consiga incluso convencerme. Observen la fotografía que encabeza el post; imagínenla como bandera adornando un techo de una peña de pueblo, o en un tenderete de playa, aguardando ondeante el ser llevada a un hogar donde predomine el buen gusto... Vale, sin pasadicas, seguramente no sea una obra de arte, pero me gusta. Y para una campaña de alguna bebida alcohólica que acentuara el lado más salvaje de la juerga nocturna, no me cabe duda que funcionaría: estoy por sustituir el letrero por uno que diga "Anunciante-puede poner aquí su publicidad".
Al lío.
Última cena buitaka ayer, en calle del Coso 35, La lobera de Martín.
Como no hay dos sin tres, mal que por bien no venga, sábado sin sol ni mocita sin amor, ni ofertas de Groupalia que uno no insista en repetir, volvímos a coger la opción "coño, a ver que tal sale éste descuento". Los resultados fueron óptimos, como poco; pero cenamos mucho...
Desglosemos el menú que ofrecía Groupalia por 29 €uros por persona (42% de descuento, valor real estimado 50 €):
 
*
Entrante:
Ensalada de queso de rulo de cabra con frutos secos y vinagre de Módena.
Primer plato a elegir entre:
Fritura de pescado (chipirones de anzuelo, boquerones del Mediterráneo, puntillitas de Huelva y pimientos de padrón).
Bonito del cantábrico con pimientos del piquillo.
Huevos rotos con foie extra.
Morcilla de Burgos a la brasa.
Segundo a elegir entre:
Secreto ibércio a la brasa con patatas naturales.
Pescado del día a la plancha traído diariamente desde La Coruña (lubina, rodaballo, lenguado dorada,... etc).
Txuletica de buey de Donosti con patatas naturales.
Confit de pato a la reducción de coulis de frutas.
2 postres:
Sorbete digestivo.
Postre casero 100% que podrá variar según el día como por ejemplo: milhojas con nata, brownie de chocolate con nueces recubierto con chocolate caliente, tarta de queso con arándanos, tiramisú, tarta al whisky...etc.
Bebida a elegir entre:
Botella de vino Somontano tinto bodega Pirineos Mesache.
Blanco bodega Pirineos Mesache.
Rosado bodega Pirineos Merlot.
(La botella de vino será para cada 2)
Pan y agua incluidos.
*
No es un precio que esté tirado en los tiempos que corren, desde luego, pero teniendo en cuenta que era en uno de los lugares de más renombre de la ciudad, sólo puedo decir que me sorprendió gratamante, ya que imaginaba que las cantidades iban a ser menos generosas. Como Maestro de Ceremonias, Jinete, no creo que decepcionara.
Ensalada de queso de rulo de cabra con frutos secos y vinagre de Módena. -Yo creo que estaba "dopada" con más sustancias, porque hay que joderse lo que alimentaba ya de inicio. Claro, que yo comí a las 4 de la tarde y a esas horas de la cena aún no tenía un verdadero apetito.
Lo más acertado fué pedir cada uno un plato distinto y así poder probarlo todo. - Bien la fritura de pescado, poderoso el bonito del cantábrico. Los huevos rotos un pelín espesos en su líquidez y la morcilla nos la sirvieron fría, pero era de la buena.



La chuletica de buey muy jugosa, con ese sabor a pueblo que digo yo, tan característico de las buenas carnes:
El vino Mesache (afrutado, como iba a decir yo otra cosa...) era correcto, aunque me pareció algo light, como si llevara menos alcohol que otros o algo semejante. Es lo que tiene no entender de vinos, que alguno igual me podría decir: pero eso es porque la uva es de variación cabaret salchichón, o porque lo han dejado envejecer en barricas de chopo mauritano. Pues mira, no lo sé, pero que a mí me resultó levemente soso.
El milhojas como postre estaba de la hostia, y el sorbete de digestivo sólo tenía el nombre, porque creo que todos terminamos en los límites donde ya se asoman los empachos. Hoy para mí ha sido uno de esos días que te levantas a las 8 de la mañana y casi te supone un esfuerzo tomarte el café, todavía sintiendo el estómago muy ocupado.
En resumen, que nos hartamos de cenar y en un garito que goza de gran fama.
Como conclusión importante; que no todas las ofertas que te ofrecen por Internet guardan gato encerrado. Algunas están muy bien.
Cenamos en el comedor gigante que tienen en la planta de abajo, que es un sitio de encanto especial con sus bóvedas y un cierto toque añejo.