sábado, 16 de marzo de 2013

Restaurante La comarca del Matarraña

Analicemos por unos instantes la política de las cenas buitakas: cuatro individuos que frecuentaban un garito (ya desaparecido) se reunían el primer martes de cada mes en un restaurante distinto, para más tarde puntuarlos e incluso redactar una crónica inmediata sobre lo acontecido. Ahora bien, en la actualidad, y ante la ineludible evolución del orden de las cosas, las cenas las organizamos cualquier día, casi a mediados de mes con algo de suerte, las puntuaciones las hemos suprimido de nuestros estatutos y las crónicas parece que se demoran algo en el tiempo...
La dinámica buitaka nunca es constante ni lineal, no se a qué esperan para reflejar esta expresión en todos los libros de ciencias.
Por suerte, contamos con cierto margen; cuando juntemos dos cenas mensuales el mismo día, sabe Mañitú que el Apocalipsis buitako estará muy cerca. 
Solo podría existir un panorama más desolador, y esto es que escojan para la dicha cita un lunes cuando juega tu equipo favorito, en todo un Zaragoza vs Granada, duelo a muerte por todo lo bajo - 0 a 0 en un partido malo de solemnidad, cabe mencionarlo-.
Brazos en alto, como Maestro de Ceremonias, tuvo que hacer mil cábalas para contentar a los buitakos implicados, a aquél que se la sudaba el fútbol y deseaba menear el bigote sin más dilación, o al que quería ver el encuentro tranquilamente y posponer la cena a otro día cualquiera -que no jugara su equipo, claro, aunque en la siguiente ocasión cayeran del cielo chuzos de punta-. A estas alturas, imagino se adivina cual era mi postura. Si añadimos que los lunes es un día complicado en la hostelería, y que muchos lo guardan como jornada de descanso, todo ello, agitándolo sin demasiada violencia, nos servirá un gran cóctel de conflicto.
Coincidiendo esta semana con la elección del nuevo Papa, nosotros creamos nuestro cónclave particular. Únicamente la pericia de Brazos al encontrar un garito que nos ofreciera las dos posibilidades, salvó una noche abocada al desastre. Mis camaradas -mucho más tecnológicos que yo con sus funciones WhatsApp- se enviaban mensajes para ver qué hostias hacíamos con la cena, mientras servidor, con la afirmación "Me voy a la ducha. Igual al salir me hago daño en la pierna y no puedo acudir al evento", parecía no poner mucho de su parte. Pero atisbamos por fin la fumata blanca, la de los fogones del restaurante que nos ocupa, La comarca del Matarraña, en la calle de Félix Latassa número 8.
Todos contentos, cena y fútbol. Ni que decir que comiendo y charrando, poca apreciación puedes tener de un partido, aunque para la pachanga que brindaron ese día...
Un espacio rectangular amplio de la hostia, con numerosas mesas y una planta situada a un nivel algo más alto del suelo. Nuestra ubicación, al principio del garito, casi debajo de la TV. Por momentos creíamos oler a césped...
El camarero que nos atendió resultó ser vecino de Llama Eterna, lo que le dio pie a sacar su vena empresarial y gestionar esa circunstancia para ver si la cena nos salía algo más barata.
Mi único pero a la noche -aparte de que el Zaragoza no metiera un gol ni al arco iris- fue el reducir nuestras dosis de vino habitual y pedir sólo una botella, servida ya con el plato fuerte. Hasta entonces estuvimos de cervezas, en los momentos previos al banquete y también con los entrantes. Mi organismo parece que la contempla como buena acompañante exclusivamente cuando come pizza, quién lo iba a decir.
Nuestros entrantes:

Ensalada de ventresca, pimientos de piquillo y cebolla confitada. 
 
 Tabla de jamón y queso, y su pan con tomate.

 Huevos rotos con gulas y foie.
 
Todo correcto y rico. Destacaría de los tres, los huevos rotos. Serían las gulas, las patatas que vendrían de una buena cosecha o porque el Real Zaragoza en ese momento generó la oportunidad más clara de gol, cuando en un contraataque muy osado se atrevieron a cruzar los límites del centro del campo... No lo sé, pero me gustaron especialmente.
De plato fuerte, el amado chuletón a la piedra, que una vez más estaba dispuesto a contradecir a aquellos que opinan que hacemos mal en pedir chuletón en todas partes porque siempre sabe igual. Esta carne era fina, suculenta, estaba bien troceada y genialmente presentada, con sus salsas para untar y su guarnición de patatas y pimientos, rojos y verdes -aunque no figure en las fotos que acompañan-.
 
Y con su altar de sacrificios a la medida, sin necesidad de preocuparse porque la llama deje de funcionar. Vamos, que de 10; todo aquello que debe tener un chuletón para comérselo a buena gana.
 
 
Ya colmados, y cuando el Real Zaragoza ofrecía su mejor juego en televisión -creo que entrena algún suplente justo cuando termina el partido...-, nos quedaba un pequeño rincón estomacal para los postres:
 

Lo sé. Parece un menú para alimentar a una piara poco exigente, sólo faltarían las cáscaras de sandía, pero no, es que la foto se tomó demasiado tarde. Ahí había un brazo de gitano, un tiramisú, un tocino de cielo (desechemos entonces el canibalísmo) y una "tarta de la abuela". Un aspecto muy positivo es que en este garito no se sobran con los precios de los postres como en tantos otros, donde un trozo de helado de mierda nos podría rondar los 5 euros. Además, estaban los cuatro cojonudos.
Hubo carajillos y chupitos a cuenta de la casa.
La botella de vino fue un Barón de Ley, reserva 2.003. Lo digo; ¡afrutado! Que era Rioja pero me recordaba a alguno bueno de los de Somontano.
En cervezas fueron 9 tubos a añadir a la factura.
El total:
129,10 €uros.
Así que un precio asequible y concordante con el servicio y calidad que te ofrecen.
He de volver un día a probar sus bocadillos, que los ponen muy bien en las opiniones que hay por Internet.
Gracias a Brazos en Alto, nuevamente, por su reportaje fotográfico. Y al Granada C.F., que impidiendo la victoria del Zaragoza -con poco esfuerzo-, hace que sigamos enganchados cada jornada liguera, en un oscuro acto de fé por ver si salen de las posiciones peligrosas o descendemos a 2º división de una puta vez y nos quitamos ya el sufrimiento.

lunes, 11 de febrero de 2013

Mesón La Cazuela.


¿Alguien ha probado a realizar la búsqueda "buitakos" en Google Imágenes? Yo ahora mismo y me he asustado mucho. El lado romántico me quiere indicar que hemos creado una marca propia. La sensatez y el sentido común, que toda referencia o residuo que dejamos por Internet ocupa un espacio silencioso, pero casi perpetuo. Vamos, que un álbum de fotos sobre el blog hecho por encargo, no quedaría tan emotivo como al usar esa herramienta. Ni que decir que entre todas las imágenes predominan las de restaurantes visitados por la tribu, y que ahí aparecen más platos que en un campo de tiro.
Añadamos pues, otras estampitas para nuestro particular estuche de recuerdos. La cena buitaka de febrero en Mesón "La Cazuela", situado en pleno corazón de Las Delicias, en el entramado de calles laberínticas que se hallan entre la via que da nombre al barrio y aquella otra que obtuvo su denominación para enfatizar la ruta a seguir hacia la Universidad... Que queda pedante, sobrecargado, ¿innecesario tal vez? A cualquiera puede sucederle cuando habla de su puto barrio. Para el más común de los foráneos, aportemos la dirección como calle Daroca, número 5.
Como no podía ser de otro modo, "La Cazuela" tiene dos asas, una para entrar por la parte de la barra y otra para acceder directamente al restaurante. Es un sitio amplio y algo peculiar, está decorado en buena medida con motivos taurinos -aunque nunca entenderé cuales son exactamente los que arrastran tanto público a los grandes ruedos- y posee un horno de leña a la vista de los clientes, junto a un mostrador alargado donde van preparando todo el cotarro.
Merece la pena recalcar la parte del horno, ya que buscando información por la red he dado con un curioso documento, propio de un spin-off de Bricomanía. El testimonio podría ser:
Hoy vamos a ver, queridos amigos, cómo fabricamos nuestro propio horno de leña para poder cocinarnos ese lechoncillo que nos ha regalado la abuela. Muy sencillo. Para ello sólo necesitamos un rincón donde instalarlo, un palet de ladrillos refractarios, medio palet de ladrillo hueco, un saco de cemento siderúrgico y un bote de pintura esmaltada. ¿Ya teneís todo? Ahora sólo queda llamar al herrero, que tome medidas para las puertas y os facilite el resto de accesorios. ¿Que se os va a poner malo el lechón con los preparativos? No os preocupeís, aquí os dejo un práctico brico-consejo de cómo podemos fabricar nuestro propio congelador de gran capacidad en muy pocas horas...
Por desgracia, no pudimos disfrutar de las excelencias del horno rústico la noche del martes pasado, al ser fecha conflictiva -era el día se Santa Águeda- y que Topo Indeciso, en su calidad de Maestro de Ceremonias, esperó hasta última hora para reservar restaurante. Una constante que se ha convertido en lo habitual...
Como segundo punto a la desgracia, las fotos que acompañan al post son de autoria propia, con la pésima calidad gráfica que ello implica. Es un medio camino entre los primeros experimentos de los hermanos Lumiére y la técnica cinematográfica más novedosa que aportaría Lars Von Trier una mañana resacosa, tal como lo veo yo. Son fotos que sugieren un continuo movimiento.
El pan figura bastante estático. Un poquico más regado de aceite y un par de dientes de ajo machacado no hubieran desestabilizado el plato cuando lo trajeron desde la cocina. Dicho de una manera menos cordial, coño, ¡que salta a la vista!... De lo que no iban untadas las rebanadas era de generosidad. Y que luego en todos los restaurantes se ha puesto de moda cobrar el pan aparte.
Versados los buitakos en la insana costumbre de pedir siempre de más, y luego papuzarnos toda la comida aunque los estómagos revienten, parece que vamos aprendiendo y adoptando el buen sentido de la proporción. Tres entrantes para compartir y plato principal para cada comensal.
"Litografías" de los primeros:
No es un centro de flores oriental; huevos rotos con morcilla y longaniza. Yo era el único que los quería sólo con longaniza y tocó mezclar ambos ingredientes. Muy ricos.
No es una estrella en un plato; son migas ¿a lo pobre? A lo muy pobre diría yo. Tomate, cebolla y cachitos de fino chorizo situados en puntos estratégicos. Échale algo de panceta, longaniza, el aceite que ahorraste con el pan... He leído por Internet un comentario de una señorita que decía "iba de propio allí por las migas". Pues créanme, como no sea la que le suministra de cebollas y tomates al garito, no le encuentro explicación al asunto.
No son olivas en rama; caracoles al tomillo con alioli. Bien, correctos.
El plato estelar sin duda, que pedimos Llama Eterna, Topo Indeciso y yo. Novillo argentino. Sabroso, jugoso, tremendo.
Brazos en Alto prefirió otro plato. Por suerte no cambió su decisión en el último momento. Pedir novillo y gritar que quería conejo cuando se alejaba el camarero, aquella noche de Santa Águeda, con la reunión de marujas alteradas que teníamos detrás, podría haber tenido consecuencias imprevisibles.
Nos bebímos una botella de Alcorta crianza 2.008 (vino que no me entusiasma) básicamente entre Topo Indeciso y yo.
Después, la sorpresa de la noche, el gesto impensable que jamás creerían ver mis ojos, ese pequeño detalle que a todos nos irradió bondad en lo más profundo del alma:
LLAMA ETERNA TRAJO UN POSTRE.
Y lo pongo así, en negrita y subrayado sólo porque Blogger no me permite poner señales de balizamiento ni acompañar los textos con música celestial. Tras meses de insistencia, al fin tuvo la delicadeza de compartir con nosotros, desinteresadamente, un postre de los que elaboran obradores muy cercanos a él. Mañitú le bendiga.
Reliquía de la Águeda, la santa teta:
Llegado aquí, no se cuanto le costó la cena al Maestro de Ceremonias, pero recuerdo algún comentario a lo "pues no es caro". Así que con esa valoración final de calidad-precio nos quedaremos por el momento.

martes, 22 de enero de 2013

Taberna La Magnolia.

Y dos semanas después llegó la crónica de la última cena buitaka. Es lo más adecuado; ayer parece que al fin pude completar su digestión.
Mal acaba lo que mal empieza, y como tuvimos problemas serios para concretar de una vez por todas la velada, bien está demorar igualmente nuestras impresiones de aquella noche.
Jinete como Maestro de ceremonias, la opción inicial era un restaurante de los que ofertan en Groupalia. Hoy puedo sentirme dichoso de que Brazos en Alto y Llama Eterna, mediante suaves reticencias, me hicieran desistir de la idea. Hace poco tuve la oportunidad de visitar la tasca en cuestión -ya que los vales los tenía comprados- y comprobé lo desafortunada que habría sido allí nuestra reunión mensual, porque, la comida en sí -exceptuando un par de cosas- no estaba tan mal, pero vamos... una mezcla entre taberna de pueblo solitario y semi-restaurante de gasolinera que echaba para atrás. Creo que cuando abandoné su local descolgaron el teléfono para pedir asesoramiento al gran Chicote y sus cocinas infernales. Por lo menos... joder, que no se puede indicar en un menú como plato de carne "solomillo ibérico con beicon" y que te saquen una tostada en plan (y pan) rancio con dos trozos minúsculos que podrían ser de rata. Lo peor, que como compré 4 vales aún me quedan 2 para volver allí.
Si lo llego a elegir al final para la cena de enero, terminan mis compañeros crucificándome en la mesa y haciéndome pedacitos con los platos, como vulgar lechón segoviano.
Por suerte, tampoco teníamos otro opción bien definida, así que quedamos ese martes a las 8 de la tarde sin tener ni zorra de donde iríamos a cenar.
A mi favor solo puedo decir que comencé el año con la espalda fastidiada y que hubiese retrasado la cita una semana más, con objeto de reponerme y buscar algo un poco más elaborado. Pero no disponíamos de tiempo y, a última hora y fruto de la curiosidad, nos dio por visitar un garito por el que ya pasamos antes. Era buitakamente legal, ya que había cambiado de dueños y por extensión, podíamos repetir cena en el mismo lugar. La casualidad quiso que fuera también en enero, como aquel episodio en "Las viandas", cuyas sensaciones quedaron plasmadas en un anterior post.
Ahora se llama "La Magnolia", en Mariano Barbasan 3.
Esta vez no tuvimos que aguantar ninguna jauría de criaturas bulliciosas celebrando un cumpleaños. De hecho, la parte más ruidosa creo que la aportamos nosotros mismos, pues en La Magnolia solo se encontraba una pareja cuchicheando cerca nuestro, una música hortera, pero rebajada para nuestra mayor gloria, y un servicio amable y campechano, conformado por el jefe del garito y por quienes preparaban la comida, que yo imaginé como su mujer y su hija. Las mismas que salieron de la cocina creyendo que deberíamos ser una pandilla numerosa, a tenor de todo lo que habíamos pedido. Hasta pusieron cara de sorpresa al verificar que solo eramos cuatro. En ese imaginario tan arriesgado, yo hubiera apostado algo a que se trataba de una familia que, bien invirtiendo gran parte de sus ahorros, o quizá por un golpe de azar jugando a la loteria, decidieron recientemente abrir un nuevo negocio, con la ilusión que siempre aviva los nuevos retos laborales. ¿Quién no ha dicho alguna vez eso de "Joder, Mamá. ¡Qué ricas te han salido las empanadillas! Un día de estos tenemos que montar un restaurante"? Una hipótesis que cogía fuerza en mi cabeza, dada la amabilidad y cercanía con las que fuímos obsequiados en todo momento, y no me refiero a las preguntas típicas de sonrisa forzada, tipo "¿Era de su agrado el vino?", si no de que te sirvan un plato de robustas albóndigas y aquel señor se quede a 2 metros escasos, con actitud risueña, como esperando que se te escape un "Esto está cojonudo", para asentir él con una sonrisa todavía más abierta.
No hay nada como la sencillez, la naturalidad y el ser campechano. Quizá solo pueden superarse con una generosa ración de albóndigas de buey, pero eso va más adelante...
Vayamos al papeo y sus centritos para compartir:
Chipirones rellenos en su tinta con arroz. Correctos. Si los comparo con los que me dieron en la tasca vía Groupalia, cualquiera habría jurado que eran especies distintas. O de otro planeta; es más, los de la tasca de los cupones sabían como si los cocinaran a la piedra, de meteorito chungo, para ser exactos. Aparte del sabor, parecían de goma, así que no puedo descartar otra procedencia más cercana; quizá eran suelas de calzado de astronauta.
Piquillos rellenos de Txangurro. Similar en todas partes, al menos para mi averiado gusto.
Pochas con codorniz. Supongo que estaban bien, mi problema es que no soy muy amigo de comer legumbres por la noche, así que fue lo que menos me agradó de toda la cena. Pero hostias, un plato de estos al mediodía bien sabe Mañitú que reconforta igual que un par de mantas de bisonte en una tarde de invierno.
Morteruelo. Jamás lo había probado, pero repetiré cuando lo vuelva a ver en otro sitio.
Indica la Wikipedia:  Guiso que se hace con hígado de cerdo (y a veces se le añaden otras carnes de caza menor y volatería como lomo de cerdo, pollo o gallina, conejo, etc.), especias y pan rallado, todo ello bien machacado en un mortero para que el resultado sea una pasta. El nombre proviene etimológicamente del empleo de este utensilio de cocina para su elaboración. La similitud con el foiegras es mencionada por diversos autores.
Me inquieta la explicación. A mí es que me gustaba el nombre porque me sonaba a expresiones propias del Quijote. Cojamos un párrafo casual:
No entendían los cabreros aquella jerigonza de escuderos y de caballeros andantes, y no hacían otra cosa que comer y callar, y mirar a sus huéspedes, que, con mucho donaire y gana, embaulaban tasajo como el puño. Acabado el servicio de carne, tendieron sobre las zaleas gran cantidad de bellotas avellanadas, y juntamente pusieron un medio queso, más duro que si fuera hecho de argamasa.
Soy de la opinión de que morteruelo tendría cabida en cualquier parte del texto, y quedaría bien bonito...
Paté de queso de oveja. Un gustazo.
Aquel que todavía diga "la hostia en vinagre" es porque aún no ha probado los albondigones de buey con salsa de boletus y trufa al vino. Plato estrella sin duda. Un placer para el cuerpo.
Un capricho que tuvo Jinete, bacalao encebollado. Que triunfó entre el resto de la manada y se vio mermada mi ración.
Estofado de rabo de toro. Rico. Me remito de nuevo a Chicote, que he visto sus últimos programas, y la observación que un día dijo para diferenciar por el corte del hueso si un rabo de toro era vendido en pieza o congelado por trozos, me dejó acojonado. Me fijaré en futuras ocasiones.
Entrecot - Creo que se lo pidió Topo Indeciso. Desde aquí mi agradecimiento a Brazos en Alto; suyo es el 80 % del reportaje fotográfico del post. Esta instantánea es de mi mierda de móvil.
Tarta de leche y de chocolate. Algo ligerito, pero gozoso.
Tomamos dos botellas de vino, una de un tal Beronia y el otro Pinna Fidelis, crianza 2.006 (ni que decir que del último tengo fotos, claro...).
Carajillos y chupitos.
Total : 134 / 137 €uros. (Perdí el puto ticket).
Sé que un topicazo, pero es un lugar para volver.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Restaurante Baobab.

La última cena buitaka del año 2.012 a dos semanas de comprobar si son ciertas las profecías mayas que anuncian el fin del mundo. Algo se estará cociendo -aparte de tanta verdura éste martes pasado-, si una tribu tan voraz y carnívora como la nuestra recurre exclusivamente a los alimentos que pueda ofrecer la tierra.
Si, queridos, llámenle cena, aunque para mí fuese una cruel encerrona. El asistir a un local de amantes de la alcachofa y fanáticos de la sinergia tofu-calabacín, y sin previo aviso, para mi no tiene nombre. 
En la calle Arzobispo Apaolaza 10, Restaurante Baobab.
Brazos en Alto como Maestro y castigador de Ceremonias. A él le resultaba graciosa aquella situación, gozaba observando nuestras miradas cuando nos indicó que su elección había sido ese restaurante; sabía que alguno iba a echar muy en falta nuestra habitual dieta de carnes y yo, tenía todos los boletus...
Vaya por delante mi respeto hacia los vegetarianos, pero llevarme a un lugar así me produce el mismo desasosiego que a un talibán una fiesta de pijamas.
Siempre había oído que era el mejor lugar de la ciudad para este tipo de comida, pero nunca pensé que yo fuera a corroborarlo. Bueno, no creo que sea la expresión adecuada, porque no tengo intención de compararlo con ninguno más.
¿Cené bien? Pues chico, como que me faltó algo (o me faltó algo que no comí).
Algo esmerados en sus platos, virtuosos a la hora de transformar manjares de la huerta en hamburguesas y derivados, un correcto servicio...
Me lo imaginaba peor al leer el cartel vegetariano, justo cuando entrábamos por la puerta. Me veía comiendo forraje con cuchara y escupiendo pepitas de calabaza dentro de un saco.
Pero se trata de un garito sofisticado, tanto como su carta, donde podremos hallar desde brochetas de tofu, calabacín, soja y coco hasta una amplia gama de patés vegetales. Lástima no tuvieran un chuletón de manteca de cacao con su guarnición de cebollas, que yo creo que me habría arriesgado a probarlo.
Empiezo por los segundos platos porque fue ahí donde cometí mi mayor error, el pedir un "montadito de patatas". Todo, por ver en la carta que contenía un ¡huevo frito!, salchicha de soja, vinagre de Módena y las susodichas patatas. Cómo poder describir mi sensación; cojan un corcho, un plástico u otro material sensiblemente blando, córtenlo en pequeños pedacitos y viertan 2 litros de vinagre sobre las virutas resultantes. A ver quien tiene narices después a asegurar que las patatas no estaban bien hechas, que la salchicha de soja es una sosada o que el huevo era de gominola, porque aquello poco menos que era comer vinagre de Módena en estado sólido. A mitad de plato lo cambié por el de Brazos en Alto, que eran canelones XXL con girgolas, champiñones, boletus y shitake con bechamel trufada. Estaba muy rico, o así lo apreciaba mi paladar, casi cuando mi boca parecía ya el sitio perfecto para montar un almacén de encurtidos. Debo tener vinagre de Módena en sangre para 5 años después de eso.
Llama Eterna se comió una "no" hamburguesa (que sabe Dios los ingredientes que llevaba) y Topo Indeciso un Quiché de boletus.
Posando todos para la ocasión:
De entrantes pedimos:
2 surtidos de croquetas. Unas de setas, otras de quesos a las finas hierbas y, las más elaboradas, con tofu, zanahoria y avellanas.
 Champiñones al queso, con ajo, nueces y perejil.
Verduras rebozadas -puerro, ajo, espárrago triguero, zanahoria y calabacín-. Con la salsa romescu pasa algo similar al vinagre de Módena: "mitiga tus sabores"...
Risotto de boletus.
El postre que triunfó fue el Maria Luisa, que lo pedimos tres de nosotros:
Sopa de yogur y chocolate blanco con helado artesano de hierba Luisa. Alguien optó por pedirse un pastel vegano (plátanos, nueces y chocolate).
2 botellas de vino: una de "Habla del Silencio" (extremeño), que me encapriché yo por su nombre -es muy parecido al Viñas del Vero-, y otra de Conde de Valdemar (Rioja).
Nos cobraron los cafés y carajillos, pero nos pusieron unos chupitos (aún hubo quien tuvo cojones de pedírselo de hierbas).
Total factura: 143,60 €uros.
Quitando mi triste episodio con el montadito-regadito por doquier, el resto estaba bien. Pero con la sensación perpetua de que me faltaba algo, que le vamos a hacer...
Un restaurante distinto, si me apuran original.
El precio si que me parece bastante caro.

martes, 20 de noviembre de 2012

El mundo mágico de Alexia Sinclair.

En tiempos tan turbios en los que el Ecce Homo ultrajado pasa a ser símbolo de orgullo nacional, o que las aportaciones de un gobierno en cultura son más escasas que su propia sinceridad a la hora de llamar a las cosas por su nombre (entiéndase un "apoyo financiero" al hablar de un rescate o de "regularización de rentas y de activos" donde debiera decirse amnistía fiscal), desde este reino eufemístico, del que por desgracia formamos parte, al menos podemos seguir disfrutando de las expresiones artísticas que nos vienen del exterior -dáles algo de tiempo y quien sabe; quizá decidan prohibir la amenaza de semejantes influencias, justo cuando por fin consigan vetar cualquier tipo de manifestación ciudadana. Una población descontenta perjudica la marca España, ya se sabe-. Pero bueno, como los políticos a día de hoy, parece que no pintan nada, hablemos de gente que mima sus lienzos y no de los que sólo dan pinceladas de amargura para dejarnos a todos a cuadros.
Alexia Sinclair, australiana. Igual te pinta una foto que te maquilla un decorado a lápiz. Vamos, que le pega a todo esta creadora-diseñadora-fotógrafa. Desde mi descubrimiento de Luis Royo  que no me cautivaba nadie así.
Modorro y baturro como me siento a la hora de contemplar el arte, desde mi nulidad interpretativa, no percibo esos toques oscuros a los que algunos se refieren por internete a la hora de definir su obra. Es más, me encantan las imágenes, pero echo en falta una pizca de transgresión o mala leche (para mi gusto, claro). Un esqueleto a los pies del árbol, un búho real papeándose una serpiente...





Supongo que es fruto de mi admiración por Luis Royo y su lado más heavy.
Alexia Sinclair elabora estas maravillas mezclando sus fotografías con ilustraciones manuales.
En la foto de arriba, ¿No hubiera quedado mejor una calavera de centurión con casco en lugar de ese hongo, y un cielo aún más atormentado? Es light, pero muy chula...

No imagino a un ser tan bello llevando así una conversación con una calavera, pero desprende mucho encanto.
Aquí ya tenemos hasta casco de centurión.
Seguramente mi favorita.
Les remito a la página oficial de Alexia sinclair, todo un mundo imaginario por descubrir:
Alexiasinclair.com/



jueves, 8 de noviembre de 2012

Restaurante Brujas y Flandes.

Pues eso. Que no contamos con ningún refuerzo de invierno ni fichaje de última hora, pero que comenzamos la 5º temporada de tragaldabas buitakos. ¡Tal vez pronto en su cocina!
Y es que son ya cuatro años de peregrinación gastronómica, de veladas agotadoras en torno a demasiadas mesas, de charlas pausadas o animadas, pero esperando que la brasa nos la dieran siempre otros. Sus fogones, sus sartenes, sus parrillas... todo un arsenal culinario empleado a nuestro servicio en este tiempo: podríamos serrar ahora barrotes con tanto mordisco aplicado, o llenar piscinas enteras con ese jugo gástrico. Si, queridos, cuatro años de cenas dan para mucho en la vida de un buitako adulto. Hemos visto caer gobiernos, fronteras e incluso reyes y elefantes en este periodo, pero nosotros seguímos al pie del mantel. Cuando el mundo se tambalea, para el pueblo buitako sólo esta girando algo más rápido, y nadie puede eludir jamás su cita en la asamblea mensual. A no ser que se quede uno dormido, claro. Pero eso ya son otras historias que tampoco vienen al caso.
Llama Eterna como Maestro de Ceremonias, sacrificándose al máximo en su rol especial de encargardo de insignes aniversarios, llamó por teléfono y el mismo día a Brazos en Alto, con el escueto mensaje "díme un sitio de esos que vas pensando tú para las cenas, tío, que yo no tengo tiempo..."
El lugar escogido por el Maestro de Cermonias y su valioso asesor, restaurante Brujas y Flandes, en María Zambrano 48.
Me quedé con las ganas de preguntar al dueño el por qué del nombre, la razón de aquella historia tan peculiar. No sé, es como si abrieran en Amberes un garito llamado "Zaragoza y Aragón", que también sonaría un poco extraño. Pero bueno, si algo me llama la atención de Bélgica desde muy pequeño es su política; Flandes parece ser que tiene deseos de independizarse del resto del país y todo el mundo se pregunta que ocurriría si convocaran un referéndum. En Flandes no lo sé, pero en las provincias vecinas; ¿Cómo votarían los valones? Es una tontada como un piano, pero el otro día vi que un tío decía en la tele que los "coles" de Bruselas sólo dispensaban menús vegetarianos a sus alumnos, y la gente, se partía la caja. Cada cual se rie con lo que quiere.
Brujas y Flandes, siete u ocho mesas, no electorales. Desde la calle puede dar la impresión de ser sólo un bar-café. No hay que llevarse a engaño, y con una sencilla búsqueda en Google se comprobará la buena opinión que el personal transmite sobre sus viandas.
Tienen una densa carta y cuatro menús bien seleccionados. Elegimos uno de 100 €uracos para cuatro mardanos.
Ensalada de las que no saben únicamente a verde:
Una escalibada cuyos ingredientes no recuerdo especialmente, ya que me apliqué más con las siguientes criaturas:
Chipirones. Es la única pega que pude leer en los comentarios de la red. Pues chico, estaban bien. Sabían a lo que tenían que saber. No tenían premio o sorpresa dentro con un vale para una noche de hotel, pero eran más que aceptables:
Ese pulpo tierno, tierno. Que lo debieron de cocinar mientras sonaban de fondo canciones de amor... Un gustazo a los sentidos:
Un capricho de quien escribe; huevos rotos con setas, jamón de pato y aceite trufado. Bieen. Era necesario un cambio, los huevos con foie van a terminar poniéndolos como aperitivo con la cerveza...
Solomillo de ternera. Sabe Mañitú que se trataba de una buena carne. Aunque nos dejáramos por ahí 3 trocillos sin comer, víctimas de un estómago ya demasiado saturado.
Botella de vino blanco recomendado por el dueño y una de tinto, Ramón Bilbao.
Detallazo de dos bombones por comensal sin haber pedido postres, y tras el cierre de persiana del garito y la sobremesa carajillera en el interior, a base de orujos de hierbas, tuvímos un gran descubrimiento; Altavilla licor de café. Fue la joya de la noche (creo que me casqué media botella).
Casi excelente el restaurante. Sólo que sonara de fondo -prácticamente íntegra- la discografía de Carlos Goñi menguó algo nuestras valoraciones.